El bueno de Makinen, Tomi Makinen, era ayer el hombre más feliz del Rallye de Suecia. La victoria de Jari-Matti Latvala fue también la suya (van cuatro del joven Padawan en tierras suecas por tres del maestro Jedi, apuntamos). Y no es para menos: que el coche que has desarrollado haya subido a lo más alto del podio en su segunda carrera ‘de verdad’ es para dar saltos de alegría. Como los que ves bajo estas líneas.

Bien, en la última parte de esta manifestación de júbilo, el finlandés casi parece imitar los movimientos de alguien que hace pesas. Pero entiéndeme, es nórdico, no se le presupone mucha gracia y salero. Contento se le ve, desde luego. Mucho más que cuando le dijeron que había ganado el Mundial de 1998 porque Carlos Sainz se había quedado tirado a 500 metros de la meta. Ahí puso cara de no asimilarlo y apenas varió su gesto. Pero esta vez sí se lo creía, había visto con sus propios ojos que tiene un coche competitivo. Y un gran piloto a sus mandos.

Latvalazo y Toyotazo.

No voy a meterme en las discusiones de siempre: qué habría pasado si Thierry Neuville no llega a cagarla (lo siento, es así) y todo eso. Es rallye-ficción y poco interesa ya. Lo que cuenta aquí es que el Yaris WRC es competitivo y que la marca nipona, a la que hemos echado mucho de menos en esta disciplina, ha vuelto con una apuesta sólida.

Evidentemente, una golondrina no hace verano (y menos, en una prueba como Suecia. No por el frío, claro, sino por lo atípico); vamos a tener que esperar a Córcega y Argentina para ver dónde está de verdad cada coche. Aunque por lo visto hasta ahora, nos podemos hacer una ligera idea, pero no podemos sacar conclusiones de carreras en las que mandan el hielo, la nieve o, en el caso de México, una altura tan importante que roba oxígeno y potencia a los motores.

Hasta ese momento, quedan casi dos meses. Ojalá a Makinen no se le quite esa sonrisa, una como nunca le habíamos visto. Dejemos que lo disfrute, por si acaso, aunque victorias como ésta dan esperanzas, nos hacen creer en un campeonato que no tendrá un claro dominador. Crucemos los dedos…

Makinen, el hombre feliz

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