Llegar y casi besar el santo. Evidentemente, Ogier de por medio, las cosas eran más que difíciles pero no se les puede restar ningún mérito tanto a Toyota como a Jari-Matti Latvala en esta edición del Rallye Monte Carlo. Salían casi de puntillas, tal era el planteamiento incluso dentro del equipo, con toda la atención mediática centrada en Sébastien Ogier y su paso a Ford, o en un Thierry Neuville que arrancó con la intención de tirar de galones dentro del equipo Hyundai y dejar claro quién va a ser quién luche por el campeonato dentro de la marca coreana.

El caso es que Juho Hanninen primero y Latvala después (arrastrando durante todo el fin de semana un problema con un sensor) sacaron réditos de una prueba muy particular dentro WRC y en la que el potencial del vehículo no lo es todo. El regalo final de Ott Tanak aún les ofreció un premio mayor a los integrantes del equipo finlandés-japonés en su regreso al Campeonato del Mundo de Rallyes. Ni lo soñado en la víspera de la prueba alcanzaba el resultado final de la misma, según declaraciones del propio Latvala.

Después de dos años de noticias, rumores, dimes y diretes, cambios de dirección, de timón de tripulaciones y de velas, aquello parecía el Rosario de la Aurora, con todo el mundo mirando atónito a lo que ocurría allí dentro y más de uno pensando aquello de “esto no va a acabar bien, fijo“. No parecía un buen precedente para retornar al Mundial tras casi veinte años de ausencia.

La marca apostó por un coche pequeño en talla (algo más de 4 metros con todo el plumaje desplegado), más ágil pero también más nervioso, reforzando el conjunto con un extraordinario trabajo aerodinámico que dejó aún más boquiabierto al mundo entero cuando se presentó al público.  Se llevó la reglamentación al límite y se creó un coche que no ha dejado indiferente a nadie, con una estética… particular… pero que a bote pronto parece resultar; si bien, vamos a ser realistas, al final han sido más de dos minutos de diferencia con respecto al vencedor final de una carrera en la que casi se juega por eliminación.

En cualquier caso en el equipo son conscientes de un resultado que ha superado con mucho sus expectativas. “Aún nos queda mucho trabajo por delante, pero hemos empezado con buen pie”, aseguraba el propio Tommi Makinen, sheriff del equipo en esta nueva aventura, a la conclusión de un Monte Carlo que abre una temporada esperanzadora. Ahora viene Suecia, donde habrá que tirar de motor y alerones; a partir de ese momento se podrá ver la posición real y las aspiraciones de esta cenicienta que llegó al WRC espoleada por el mensaje del máximo responsable de la marca, Akio Toyoda, quien no debía tener muy claro eso de un año de adaptación: “no queremos perder”. Seguro que esta noche ha dormido a pierna suelta.

Yaris WRC: de la agitación previa al éxito inicial

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