Cualquiera diría que el Rallye Princesa de Asturias forma parte del mismo Campeonato de España que habíamos vivido hasta antes del verano. En Oviedo el certamen ha dado un giro de 180 grados gracias a un par de buenos acicates y algunas maniobras de tensión prebélicas que confluyeron en una prueba animada de principio a fin, con bonitas peleas de esas que gustaría ver repetidas a lo largo del todo el año deportivo, alguna despedida que echaremos en falta y mucho público disfrutando desde las cunetas con un una inscripción nutrida. Si buscas una crónica, aquí no la vas a encontrar; más que nada porque a estas alturas sabrás de sobra qué ha ocurrido en el Princesa.

A día de hoy Iván Ares está a otro nivel. El piloto gallego es, con diferencia, el deportista más en forma del momento. Se jugaba mucho en esta cita y, como él mismo reconocía, ha perdido de golpe 200 kg. Había mucho dinero en juego, mucha presión, mucha rabia contenida desde sus participaciones canarias, muchos deseos de demostrar su valía… El chico del “will be awesome” hizo honor a la expresión. Es muy rápido y comete pocos errores. El Princesa puede haber sido su punto de inflexión.

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No sabemos si fue por el kit de evolución incorporado a su vehículo, por todo lo ocurrido en días anteriores, como el tema de los reconocimientos, o porque aquí encontró motivación extra. El caso es que Sergio Vallejo llevaba las de protagonizar la mejor carrera del año con el Citroën DS3 R5. Arrancó fortísimo, trató de seguir la estela de Ares y al final el problema en los frenos fue injusto con el piloto de Meira. Lo bueno es que hay mejoría con respecto a lo visto en carreras anteriores.

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Alberto Monarri también tiró de coraje, luchó contra algunos reveses y suma otro gran resultado. No había más que ver su cara desencajada por el esfuerzo a la llegada al reagrupamiento final de Infiesto. Pero obviamente quiere más. Tres podios molan aunque, como él mismo reconocía, ya va siendo hora de que le “toque ganar” algún rallye.

Luis Monzón, eres mi ídolo. Declaraciones con humor y retranca, sonrisa en ristre y actitud positiva. Perro viejo -entiéndase la expresión, por favor- sabe dónde está y con quién se juega el resultado. Buscó su senda y sacó partido pese a los pocos rallyes que corre, y aquí, además, con un coche casi desconocido. Lo hizo rodeado de jóvenes “que son los que nos tienen que ir apartando del camino”, aseguraba el canario al final de la prueba, conocedor de la nueva generación que viene empujando fuerte.

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De Cristian García nos ha quedado la duda de saber qué hubiera pasado de no haber sufrido el toque del primer día. Pasó a un segundo plano, cedió el protagonismo a otros y a partir de ahí tiró de calculadora, logró algunos buenos cronos parciales y trató de pescar puntos. Llanes podría confirmar su título, así que imaginamos que no vamos a ver a ese Cristian dominador de la primera mitad de año sino a uno más cauto.

Manuel Mora forma parte también de esa nueva generación a la que aludía Luis Monzón. En su primera carrera con un R5 dio muestras de lo que es capaz, pero también reconoció sus carencias. Falta rodaje y adaptación, algo lógico para alguien que hace un año corría con un Peugeot 205 y que ha subido escalones de forma meteórica. El propio Manuel señalaba que abusa mucho del pié izquierdo y fatiga los frenos en los tramos más largos donde, al final, sus cronos cedían frente a los más rápidos. Porque en las especiales de menor distancia sí demostró poder estar con los mejores. Seguro que ha sacado muchas conclusiones para Llanes… y especialmente para 2017.

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Por lo demás, Pedro Burgo se quedó con el mal sabor de boca de despedir el Porsche con un resultado discreto tras un doble pinchazo. Eso sí, sin la presión llegó el espectáculo y el público lo agradeció. Vamos a echar de menos a los GT alemanes, seguro. Oscar Palacio se alzó con el honor de ser el mejor piloto asturiano. Surhayen Pernía ya es campeón de la Renault Clio Iberia Trophy y cuenta los días para el Rallye de Montecarlo 2017. Ángel Paniceres hizo posible lo que parecía imposible: ganar la R2 después de perder mucho tiempo por un pinchazo.

En fin, el Princesa de Asturias dio para mucho; pero antes de terminar no queremos perder la oportunidad de mandar todos los ánimos tanto a Adrián Díaz como, especialmente, a su copiloto Andrea Lamas, que se recupera de las lesiones sufridas tras una inoportuna salida de carretera. La pareja está protagonizando una gran temporada dentro del equipo Suzuki y son los grandes aspirantes a hacerse con el título de dos ruedas motrices.

Los rostros del Princesa de Asturias

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