No, no es ningún error pese a que exista una película titulada “Baby’s day out’, traducida en España como ‘El peque se va de marcha’, ideal para reír y divertirse con la familia una tarde de verano y que posee una magistral banda sonora de Bruce Broughton.

Al igual que sucedió con Sandro Munari, no tuve ocasión de ver correr en directo a Rauno Aaltonen, quizá el primero de los ‘Finlandeses Voladores’. Sin embargo, desde el anuncio de la vuelta del equipo MINI casi van por la media docena las veces, tanto en presentaciones de distintos modelos de la marca británica como en eventos deportivos, que he podido saludarle y escuchar con atención a este ‘joven’ de 73 años. Aunque acercarse a ‘Il Drago’ por primera vez, en 1980, supuso armarse de un poco valor, nada más cruzar las primeras palabras con el piloto finlandés uno entiende el origen de su apelativo: ‘El Profesor’. Cualquier tema que uno aborde recibe una sensata y justificada respuesta por su parte en la que no importa siquiera el idioma, ya que el actual embajador de MINI domina el sueco, alemán, inglés, algo de español y francés además de su lengua natal.

Piloto de lanchas motoras a los 12 años, miembro del equipo finlandés de Speedway a los dieciseis y ganador en su clase del Gran Premio de Suecia de Motociclismo, Rauno Aaltonen siempre ha sido un hombre de firmes ideas y principios. Sus estudios de ingeniería le sirvieron para defenderlos hasta de forma casi compulsiva, tanto sobre la conducción como la mecánica, incluso con el propio Sir Alec Issigonis, no dudando en plasmar sus ideas en cualquier trozo de papel a mano o sobre el mantel de un restaurante… . Fanático de la puesta a punto de su vehículo, una vez llegó a poner de los nervios a su copiloto Tony Ambrose cuando antes de llegar al control se empeñó en un Alpine Rally en controlar con su propio aparato la presión de sus neumáticos por si el empleado por los técnicos de Dunlop presentaba algún margen de error.

Ganador del Rallye de los 1000 Lagos en 1961 al volante de un Mercedes 220 SE, Rauno Aaltonen fue el piloto de Mini que obtuvo mayores éxitos tras ser captado por Stuart Turner apenas un año después. Aunque su primer contacto con el famoso modelo británico acabó en uno de los escasos accidentes de su carrera al volcar cuando era segundo en el Rallye de Montecarlo de 1962 en el Turini quedando Aaltonen inconsciente y su vehículo sobre su techo bajo las llamas sobreviviendo solo gracias al arrojo de su copiloto, Geoff Mabbs. El primer éxito del dúo Aaltonen-Mini sería en el Alpine Rally de 1963, luego vendrían más hasta nueve en las pruebas de mayor renombre en los ’60, cinco de ellas tan solo en 1965 que le valieron el título de Campeón de Europa, siendo la de mayor renombre el triunfo logrado en el Rallye de Montecarlo de 1967.

Tras el cierre del departamento de competición por British Leyland en 1968, ‘El Profesor’ pasó a pilotar para Lancia con quien participó en el Safari por primera vez en 1969 al volante de un Fulvia HF. Al igual que Munari, Aaltonen sufriría a partir de ese momento ‘el mal de Africa’ prueba que intentó ganar repetidamente aunque solo pudo ser segundo en cuatro ocasiones, principalmente con Datsun, que le llevó en 1981 a un enfrentamiento con Shekhar Mehta por la anulación de un sector que le otorgaba el triunfo y cuya apelación desestimó la FISA al no ser él el concursante. Al año siguiente, con Opel, Aaltonen rompería el motor de su Ascona 400 a las puertas de la victoria en Nairobi cuando contaba con media hora de ventaja antes de colgar definitivamente el casco en 1984. Después de ello, Rauno Aaltonen pasó a colaborar con diversas marcas de automóviles, incluso asumiendo el papel de ‘dummy’ en una ocasión durante la prueba de un sistema de sujeción de BMW. Y gracias a esa labor no hace mucho en un perdido circuito austríaco me mostró sentado a su derecha su pulido estilo al volante de un Mini Coupé John Cooper Works a la edad en la que otros preferirían contar batallas a sus nietos al calor de la chimenea.

*Hiperfocal: Dícese de la distancia más corta a la que puede enfocarse un objetivo de forma que su profundidad de campo se extienda hasta el infinito.

Hiperfocal *. El abuelo se va de marcha

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