Remolcador de profesión y piloto de afición

Borja Vila Gradaílle de 29 años, natural de Perbes, en la localidad coruñesa de Miño, siempre ha tenido claro que, al margen de cumplir con los compromisos laborales, donde quiere estar es al volante de un coche de carreras. “Mi afición viene desde… que era pequeño. Tendría 6 o 7 años cuando mi padre me llevó a ver un Rallye Ciudad de La Coruña al tramo de Doroña a la curva de Breanca. Quedé alucinado. Desde entonces siempre dije, para mí, que algún día tenía que correr aunque fuese sólo una vez. Quedé flasheado. Me acuerdo que eran las 2 o 3 de la madrugada, porque corrían a aquellas horas, y, con toda la gente que había allí viéndolo, quedé alucinado. Sabía que algún día iba a tener que correr, si podía”, empieza diciendo sobre cómo conoció un mundo que le ha quitado muchas horas de sueño. “Después, desde pequeño, como mi hermana hace muchos años era novia de Álvaro Bañobre, empecé a ir a los rallyes en el equipo de Alberto Meira… Yo apenas hacía nada, era un chavalín, como mi hermana también iba, iba con ellos, pero no hacía nada, sólo ver desde dentro todo. Íbamos a alguna meta a darles tiempos… Todo esto hasta que en el año 2010 debuté”, continúa.

“Digo que debuté en el 2010 pero no es del todo cierto. La verdad es que debutamos con 17 años en gymkanas en Moeche, As Pontes… De hecho gané la primera que corrí. Una vecina tenía un Citroën AX que lo iba a mandar para el desguace, lo compramos entre cinco amigos, le pusimos unas barras… y fuimos correr a Moeche. Había 70 u 80 coches. Más tarde, en el 2010, estaba estudiando, no había dinero… Hablé con mi padre, llegué a un acuerdo con él para que me dejase su coche para ir a clase todos los días… y monté mi coche de calle, que era un Renault Clio 16V, para correr. Lo montamos de serie. Sólo le pusimos las medidas de seguridad”, confiesa.

“Fuimos correr a Narón y ganamos la copa para debutantes. Como ganamos, todo el mundo, los amigos, más que nada, me liaron la cabeza y, sin darnos cuenta, ya estábamos en el Sur do Condado”, añade. Aunque meses atrás, como parte del acuerdo familiar, había prometido que sólo correría un rallye, tuvo que rectificar. “Le había prometido aquello a mi padre, pero bueno… Volvimos a ganar”, pronuncia. “Lo único que me pasaba por la cabeza, con dos rallyes y dos victorias, era intentar conseguir más dinero para seguir la copa e intentar ganarla”, recuerda.

Quince días más tarde de haber descorchado el champán por segunda vez, aconsejado por Alberto Meira, entre algún otro, puso el Renault Clio a la venta, porque, según el que sería Campeón Gallego de Rallyes aquella misma temporada, con él, Borilli, como lo llaman sus amigos de toda la vida, no podía aprender a pilotar como era debido. “Puse el coche a vender y me ofrecieron un cambio por un Peugeot 106 XSi que estaba también de serie, poco más tenía. Como era más de rallye con una conducción para aprender más… allá fuimos un poco medio a la locura para Huelva”, concreta.

Estaba llamado a ser el equipo revelación del año, que lo fue, pero en las dos siguientes carreras, que serían las que darían por acabada la temporada, dos abandonos por avería mecánica les impidió acabar de demostrar de lo que eran capaces.

“Al año siguiente, hablamos de 2011, corrí la Copa Racing Sport. Fue un año bastante bueno, lo que pasa que no había presupuesto para hacer todas las carreras. Fue un año de anécdotas, también. En Narón tuvimos el susto más grande de nuestra vida. Llevábamos un problema en el repartidor de frenada que hacía que el coche bloquease de atrás… Hicimos un trompo en 5ª a fondo… Cuando quise frenar, ¡pumba!, me bloqueó… y empezamos a dar vueltas por la carretera. Ya íbamos encogidos dentro del coche esperando a chocar y… nada, no pasó nada, una suerte”, relata. “Luego, en el Sur del Condado, me acuerdo que llovía mogollón… Salimos al primer tramo, todo en bajada… Íbamos con buen ritmo, o eso creía, pero cuando llegamos a meta me dijo Toni, mi copiloto, que habíamos perdido 20 segundos con el rival… Entonces, se me cruzaron los cables, llegamos al siguiente tramo, y, aunque nos avisaron de que había al principio unas curvas que estaban delicadas, nos echamos fuera… Suerte que pudimos seguir. Un calentón porque habíamos echado mal las cuentas y en el primer tramo habíamos quedado a 1 segundo o empatados…”, se lamenta del error.

Para la siguiente campaña, la de 2012, quería seguir haciéndolo lo mejor posible, de ahí que decidiera desmontar, ayudado por la gente de su entorno, el Peugeot 106 por completo porque le andaba en la cabeza algún problema que padecía la mecánica francesa. “Empezamos a las carreras. Con decirte que la semana anterior al primer rallye el coche estaba en el chasis… Probé el coche el miércoles o jueves antes de marchar y todo iba bien. Aún así pensaba que algo iba a fallar, iba todo montado un poco en el aire… pero bueno, ganamos la Copa Racing Sport allí en Lalín, con bastante diferencia”, rememora orgulloso del esfuerzo hecho. “Después, con ayuda del premio que habíamos cobrado, fuimos a Noia… y abandonamos por un problema en el varillaje. Más adelante, saltandonos dos rallyes que había por el medio, fuimos a Narón pero abandonamos en el cuarto tramo por rotura de motor. Rehecho el motor fuimos al San Froilán pero también falló algo y abandonamos”, declara.

Hasta ahí la mala suerte parecía estar inseparablemente unida a Borja Vila, quien veía como los resultados que quería conseguir paraban en manos de sus contrincantes… por mucho que lo intentaba. Todo cambió cuando decidía tomar la salida en el Rallye do Botafumeiro, donde, por fin, conseguiría una victoria parcial en la fórmula de promoción respaldada por Racing Sport, lo que sirvió, en la recta final del año, como una inyección de motivación para la que fue la cuarta temporada en competición para él.

“2013… Aquel año lo hicimos en la Copa Kumho, en la que tuvimos los mejores piques que hemos tenido nunca… con Pablo Fernández. Siempre estábamos segundo arriba, segundo abajo”, afirma. “Recuerdo que en Narón, cuando teníamos la victoria de la copa zanjada, peleando por entrar en los diez primeros de la general, reté al mediodía a un piloto de coche superior, con que para ganarnos iba a tener que jugarse el coche por la tarde como siguiera lloviendo. Volamos todo el día…”, espeta anecdóticamente.

Minutos después, habiendo repasado lo mucho más que dio de sí aquella temporada a la que le guarda un cariño especial, la conversación con Rallyes.net llega a un momento clave de su vida profesional. En aquel 2013, con un par de diplomas académicos de Formación Profesional de Grado Superior de la Escuela Náutica Pesquera bajo el brazo, entró fijo en plantilla en el remolcador de la Ría de Ferrol. “Después de hacer el ciclo de Patrón de Altura estuve haciendo las prácticas tres meses en el remolcador, donde las había solicitado. Como en las titulaciones de mar necesitamos tener 2 años de experiencia para poder ejercer, tras haber llegado a un acuerdo con la empresa, estuve trabajando hasta cumplir ese tiempo. ¿Qué pasa? Que en un remolcador hay las plazas que hay y por mucho que trabajes… o alguien se retira, o le pasa algo a alguno… o no entras. Yo, entonces, para tener más posibilidades, en vez de empezar a trabajar, volví a estudiar e hice Jefe de Máquinas… Volví a hacer las prácticas en el remolcador y, mientras estaba haciéndolas, un marinero enfermó de cáncer… En aquel momento, sabiendo que los médicos habían dicho que le quedaba poco más de un mes, me dijeron que si valía me quedaría con la plaza… y así fue”, detalla.

Está claro que, desde que abandonó el IES Fragas do Eume una vez cursado Bachillerato, hizo todo lo que pudo para trabajar en donde, por una desgracia ajena, consiguió entrar. “Dentro del mar el mejor trabajo que puede haber es un remolcador”, pronuncia antes de dar a conocer como, por la contra, para compaginar con las carreras, quizá, sea el peor. “Trabajo un mes, viviendo allí en el barco, y un mes descanso. No puedo pedir ningún día porque obligaría a mis compañeros a perder días de su mes de descanso… Si sólo fuesen 2 días, bueno… Pero me haría falta 1 día para ir a entrenar, me harían falta 2 o 3 para preparar el coche…”, señala. “Si las organizaciones no cambiaran la fecha de los rallyes, lo que no puedo correr un año, al siguiente sí, y viceversa. Como sí cambian las fechas me encontré en el caso de que para 2014 sólo me coincidía libre un rallye… Entonces, dije, para correr un rallye, no corro”, sentencia.

Cuando había pasado algo más de un año de esa decisión, allá por el mes de marzo de 2015, animado a seguir aumentando el número de rallyes de su currículo deportivo, decidió desempolvar la funda ignífuga, aunque volvió para el armario sin haber sido desdoblada. “Iba a salir en Lalín, en el Rallye do Cocido, en la Copa Pirelli AMF. Pagué la inscripción, fuimos a entrenar… y se puso mi abuelo para morir. Los médicos me decían que duraría uno, dos días… Ya me convencieron en casa para que no fuera a correr… Al final mi abuelo no murió, aún aguantó tiempo, pero tampoco iba ir a correr porque iba a estar pensando en otra cosa, no en correr”, confirma.

Luego del citado intento fallido de volver a luchar contra el cronómetro, cambiando entre medias aquel Peugeot 106 por un más rápido Citroën Saxo, el protagonista de este artículo volvió a las andadas en el Rallyesprint Villa de Grado 2017. “Miré y vi que había aquella carrera y como allí vamos y entrenamos el mismo día… Pero, nada, en el kilómetro 9, más o menos, rompió un palier. Muy contentos aún así e impresionados con el coche y del ritmo que traíamos después de tres años. Pena que no rompiera en la meta para poder mirar los tiempos”, dice antes de que empezáramos a hablar sobre cómo preparó su regreso al Campeonato Gallego de Rallyes, que tuvo lugar el pasado mes de octubre.

Habiendo revisado a conciencia la mecánica de la máquina del doble chevrón, de haber gastado una buena cuantía de dinero haciendo unos palieres que estuviesen a la altura de las circunstancias, cuando todo estaba ensamblado para medirse de tú a tú con otros competidores, empezó a pulir la puesta a punto, aquello que marca la diferencia.

Para ello recurrió a Ares Racing; pues desde años atrás guarda amistad con todos los integrantes del equipo, especialmente con el máximo representante, Iván Ares; también con Juan Manuel Bañobre, más conocido como Cuko, quien, en boca del propio Borja, le ha ayudado lo que no está escrito.

El propio vigente Campeón de España trabajó en la regulación de la amortiguación Proflex hasta conseguir, tanto para condiciones de seco como de agua, un set-up base… pero, como es lógico, con ciertas modificaciones, a gusto del consumidor, en este caso Vila, quien no sólo da importancia al trabajo del cambrés, sino también al del resto de personas que estuvieron trabajando en los días previos al Rallye San Froilán en las instalaciones de Ares Auto.

La elección de correr en Lugo, como podéis imaginar, viene a raíz de que era compatible, por fechas, con su oficio. “Estuve a punto de no ir porque dije: llevo cuatro años sin correr, voy a ir, va a romper algo… Para mí es el rallye más chafado que hay, hasta este pasado año, claro”, inicia. “Como tenía que comprar ruedas me apunté en el Volante FGA. La idea era conocer el coche. El primer tramo lo hicimos corriendo pero sin arriesgar absolutamente nada. Cuando llegamos a meta vi que quedáramos 14ª de la general y que Iago Gabeiras nos metiera 1 segundo. En aquel momento ya decidimos que había que correr. Fuéramos tranquilos…”, destaca. “En el segundo tramo nos volvió a ganar”, cuenta.

Todo parecía seguir la línea correcta pero en la tercera especial… “Nada más salir se me llenó todo el coche de humo. No sabíamos lo que era, levanté un poco, de repente para… Después volví a darle caña y no me lo volvió a hacer más. Llegamos a meta, ya perdí un poco más con Gabeiras… Fuimos para la segunda pasada del segundo tramo, íbamos bien, y vuelve a pasar lo mismo. A los 20 segundos para el humo; yo sigo andando pero a un ritmo más lento”, confirma. “Después en la asistencia ya vimos que nos cayera la tapa de la estabilizadora del puente. Entonces la estabilizadora se me salía cuando daba las curvas a derecha e iba desgastando la goma y la llanta. Cuando daba la curva para el otro lado, se metía para dentro”, explica.

En resumidas cuentas, después de una mañana complicada, donde calcula que perdió 20 segundos, partía a los tramos vespertinos en segunda posición del Volante FGA, cerca del grupo de los diez mejores de la clasificación general. “Queríamos intentar recuperar y en el primero de la tarde ya salimos a tope y marcamos el scracht. En el siguiente volvimos a hacer el mejor tiempo… Iago llevaba problemas de motor, que ya le pasaran más veces, y la distancia se redujo toda y me puse yo primero. Él se puso segundo pero con Manuel Souto a nada. Estábamos los tres, como quien dice, en un nada… y faltaban las dos pasadas de la noche. Tanto en agua como de noche me encuentro cómodo… ¿Qué pasa? Que para este coche no teníamos parrilla de faros y nos la dejó un chaval de un 106. El capó no es igual y aunque modificamos e hicimos las de Dios, la parrilla me alumbraba para arriba. Hicimos el primero de la noche y cuando llegamos a meta vimos que Souto nos metiera 6 segundos y nos dijeron que Gabeiras diera tres vueltas de campana. Llegábamos al último tramo con sólo 8 o 9 segundos de ventaja y con el rollo de la parrilla, que ya en el anterior me equivocara varias veces frenando antes de tiempo, fuimos casi sin hablar por el enlace hasta que llegando decidimos que íbamos a salir tranquilos, que nos ganase y punto. No íbamos a fastidiar el coche después de tanto tiempo… Pero qué va, cuando pusimos el casco decidimos ir a tope… Al final le sacamos otros 8 o 9 segundos… Bien, al final todo bien”, argumenta.

Para este 2018 el joven coruñés tenía ilusión y ganas. Había planeado estar en la línea de salida de los rallyes más cercanos a su domicilio, pero, desgraciadamente, todo ha cambiado, una vez más, por cuestiones laborales. Sólo ha estado meses atrás en el arranque del Campeonato Gallego, en el Rallye de A Coruña, donde compitió en la Copa Top Ten Pirelli B. Quería hacer acto de presencia en el Rallye Cidade de Narón (del pasado sábado) pero el retraso una semana respecto a su fecha original se lo impidió.

Muy cansado anímicamente, y con ganas de desconectar un tiempo de todo lo relacionado con el mundo de la competición, no es capaz de decir cuándo volverá, si es que lo hace. “Lo que pueda hacer lo haré con el hermano de Yago Doce, Toni, que lleva conmigo desde 2013. Les debo mucho a ellos. No sólo por venir conmigo dentro del coche. Con el negocio familiar, Bar O Gallego, han ayudado económicamente como los que más”, concluye.

Remolcador de profesión y piloto de afición

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