Oriol Gómez: «¿Por qué no hacer un campeonato y ganarlo?»

Corrían -nunca mejor dicho- los primeros años de este siglo cuando colgó los guantes y el casco, después de haber quemado los últimos cartuchos en el Campeonato de España de Rallyes de Tierra compartiendo el habitáculo de un Subaru Impreza con el por entonces ya en activo Jordi Mercader. Hablamos, como los más veteranos ya habréis averiguado, de Oriol Gómez; uno de esos pilotos a los que la época dorada de los rallyes en España les cogió de pleno y el talento les permitió aprovecharla. Desde entonces ha estado al margen de la competición, ha montado negocios y «me he puesto a trabajar porque es lo que hay que hacer si no tienes dinero para vivir», comenta para rallyes.net una mañana de domingo en el Salón del Automóvil de Competición de Gijón, al que acude desde Andorra con apenas horas de sueño y en el que dice ser «una persona mayor con ganas de volver a hacer carreras, porque aquel que ha hecho carreras tiene la gasolina impregnada en la sangre. Cuando vengo a un sitio como éste, vuelven las ganas… Me apetece volver a correr».

«Conocí los rallyes en un Cataluña al que fui con un amigo. Yo ya conducía desde que tenía 11 años pero de carreras no sabía nada. Cuando fui a esa primera carrera y vi el fuego del tubo de escape, el ruido de los coches… me quedé tan locamente enamorado que desde entonces solo pensaba en hacer carreras», recuerda antes de analizar -sin querer- cómo ha ido cambiando todo, «me gusta que haya afición porque me comentan que esto está menguando… y es preocupante. Si no hay afición tampoco hay carreras. Faltan aquellos tiempos en los que realmente había un ambientazo en las carreteras». Pero tampoco cree que el aficionado sea el único culpable, «ahora no existe compañerismo entre pilotos», sentencia.

Recordando viejos tiempos, aquel joven que empezaba al volante de un Renault 5 Copa Alpine que le compró de sexta mano a un vecino, «tenía claro que hacer carreras de coches era muy caro. No tenía el dinero así que me planteé hacer un programa en un campeonato en el que daban premios para poder sobrevivir. Con el dinero de la primera carrera subvencionar la segunda y así sucesivamente. Tenía que ganar todas las carreras. Si no ganaba todas las carreras no podía terminar la temporada». Sencillo decirlo; complicado hacerlo. Todo salió a pedir de boca en aquel 1992: ganó todas las carreras, fue Campeón de España de Grupo N y Campeón del Desafío Peugeot, lo que le permitió desembarcar en el equipo oficial Peugeot la temporada siguiente. «En ese momento estaba Borja Moratal como jefe de equipo. Eso ayudaba muchísimo porque había sido piloto, era piloto, pero claro, él tenía el coche más gordo y yo el más pequeñito. Quieres hacer más pero no puedes porque la potencia del coche es la que es; lo conduces y punto», nos cuenta Oriol con la boca pequeña.

En esas llegó otra marca y le brindó la oportunidad de llevar un coche para ganar el Campeonato de España, «y no me lo pensé dos veces», sostiene el catalán, «porque con el Peugeot pequeñito no lo podía hacer. Tuve la suerte de irme a Renault con el Clio Williams, desde la primera carrera ya ganamos… y fuimos campeones». Siguió dos temporadas más en las filas del rombo aunque Seat ya le ofrecía ir al Campeonato del Mundo. «Les dije que no. Renault tenía un coche escondido porque el otro ya se había quedado obsoleto y me enseñaron en secreto ese prototipo: el Maxi Megáne Kit Car. Decidí quedarme con ellos porque me trataron super bien desde el primer día», asegura con tono agradecido.

Ahora sí, en 1997 el catalán firmó un contrato con Seat que duró dos años, en los cuales pilotó primero el Ibiza Kit Car y después el Córdoba WRC. «Me dejó marcado el no poder acabar de demostrar cuál era mi límite con un 4×4, con un WRC» porque la marca lo mandó a la calle en el momento clave, «cuando tenía una oferta de un equipo muy importante. Querían ver cómo iba funcionando con el Córdoba y me daban cuatro meses para ver si continuaba haciendo los resultados que había hecho hasta entonces. Si eran así, positivos, me iba a una marca de primer nivel… y ahí es donde pasó todo», explica. 

Fue ahí exactamente donde la meteórica carrera deportiva de Oriol Gómez entró en declive; algo que no le pasó a Marc Martí, que continuó en lo más alto acompañando a Jesús Puras ya en un primer momento. Mientras tanto, el de Santa Coloma de Gramanet regresó al Nacional de Asfalto y volvió a entrar en nómina de Renault con un Mégane Maxi Kit Car que ya no recibía evoluciones. «Fue emotivo porque siempre me habían tratado bien, pero ya no había presupuesto y también es cierto que no había nada más a donde ir», se sincera. Una temporada allí y luego un proyecto con Subaru que tampoco acabó de fraguar, «y así hasta 2017», recuerda, «que fue cuando me llamaron de Ourense para ir a correr con un Ford Escort MKII, y en 2018 los amigos me pagaron por mi 50 cumpleaños el Rallye de Cataluña con un Peugeot 208 R2 de la Peugeot Rally Cup Ibérica».

Con el gusanillo volviendo a picar, hace muy pocos meses salía a la luz un futurible proyecto de cara a este 2020 en el que lo veríamos hacer equipo con el joven gallego Roberto Blach. «La idea era muy buena», sostiene Oriol, «había un posible sponsor que podía ofrecer la posibilidad de que él estuviera el Campeonato de España de Rallyes de Asfalto y yo en la tierra, con dos coches punteros, pero al final se echó atrás y no pudo ser». En cualquier caso, la maquinaria está volviéndose a engrasar y le «encantaría poder hacer alguna cosa, poco a poco ir entrando en el mundillo y ¿por qué no hacer un campeonato y ganarlo?», o incluso cumplir con otras tareas como organizador, team-mánager

Oriol Gómez: «¿Por qué no hacer un campeonato y ganarlo?»

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