{mosimage}Este Montecarlo nos ha dejado varias lecciones de rallyes sobre la mesa. La primera de ellas, y seguro que la más importante, es que los rallyes son más grandes que las marcas, que las organizaciones, que las reglas… La inter-temporada nos sorprendió con deserciones de equipos oficiales y se instaló un halo de pesimismo que no presagiaba nada bueno para el 2006.

Nada más lejos de la realidad. El pasado jueves tomaron la salida 26 WRC en la monegasca Plaza del Casino y a lo largo del fin de semana los tramos de los Alpes Marítimos estaba a rebosar de gente (dos fueron cancelados por exceso de público). La afición ha vuelto a llenar la cuneta. Las crisis son muy relativas pero no debemos caer en la demagogia de patio de colegio: el Mundial es el Mundial y el que diga que esto es aburrido que se pase por Montecarlo, Finlandia, Suecia o el RAC…

La segunda lección nos la ha dado un tipo que va camino de convertirse en el mejor piloto de la historia. Matemático e impasible, este fin de semana hemos disfrutado de un Loeb estratosférico pero imperfectamente perfecto. A lo largo del 2005 muchos creíamos que el bueno de Seb era invencible, en su lista de errores sólo figuraba el de Australia. Era el más rápido, volaba sobre los tramos y además no cometía errores. Gronholm llegó a decir a mitad de temporada que podría ganar una carrera “si Loeb se quedaba en casa”.

Este Montecarlo ha demostrado que Loeb es más humano de lo que pensábamos. Esa izquierda helada que se comió el francés el viernes en el último tramo cuando era cómodo líder le hizo imperfecto. Pero su caminar el sábado y el domingo le hizo aún más perfecto… Acabar segundo después de perder 5 minutos demuestran una capacidad de superación, unidas a un talento supremo, que merecen el mejor aplauso que un aficionado debe dar a un súper crack como este.

Gran parte de la expectación de este Montecarlo la generaba el Xsara número 26. El debut de Sordo en el Mundial con un WRC se ha saldado con un notable. Un segundo scratch en una tramo en uno de los “Monte” más difíciles de los últimos años y un octavo puesto final son una fantástica tarjeta de presentación (seguro que Sordo hubiese estado entre los 5 primeros en la edición del 2005).

A la sombra de Sordo ha estado Pons. El compañero del campeón del mundo ha sido seis minutos más lento que Loeb (contabilizando los minutos de su accidente) y no subió del quinto puesto en ningún tramo. Todo queda dicho para un piloto que debería haber ofrecido mucho, mucho, mucho más en su tercer Montecarlo después de once carreras al volante de un WRC…

Diego Alvarez

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Montecarlo, la imperfecta perfección de Loeb

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