Sin dejar de ser un aspecto tan normalizado que ya nadie ni debería sorprenderse, lo cierto es que esta edición del Rallye Rías Baixas ha destacado por la presencia femenina… y no solo como participantes activas. Y es que a las cuatro pilotos inscritas (Ángela Vilariño, Amalia Vinyes, Eva Costas o Vanessa Pérez) y las once copilotos más o menos habituales, hay que añadir a coordinadoras de equipo, comisarios técnicos e incluso, caso único en el Nacional de Rallyes, una directora de carrera que lo lleva siendo desde hace ya unos cuantos años. En concreto desde la fatídica edición de 1998 -¡menudo estreno!-

Marisa Arias consume pitillos a la velocidad del rayo, serpentea sin descanso en el interior de una gran pecera de cristal que divide la enorme nave central del recinto ferial IFEVI (sede de esta 51ª edición del Rallye Rías Baixas) e intercala conversaciones sin cesar a través del móvil y una emisora de mano que no para de escupir voces casi ininteligibles.

Cualquiera diría que está a punto del infarto, y cuando le preguntas por los nervios que se pasan te contesta con cara de sorprendida: «¡nooooo!, ¡qué va!, si estoy tranquila»… y eso que no hemos empezado la carrera y que te ha soltado esa respuesta después de tener un breve rifi rafe con un participante al que le han cambiado de sitio y que necesita más metros cuadrados para desplegar toda la artillería en las asistencias.

Pero resulta que es verdad y que, como en todos los órdenes de la vida, se llevan peor las situaciones previas que el fragor de la batalla. Porque con la carrera ya avanzada la tensión se va relajando al mismo ritmo que se siguen consumiendo cigarrillos y charlas amenas y de poco calado, intercaladas con las habituales conversaciones con los puestos de radio repartidos por los tramos de esta carrera. Eso sí, el centro de mando acojona con tanta pantalla, teclado y emisoras… y ella, en medio de todo el aparataje, coordinando un operativo con varios cientos de personas a sus órdenes.

La de Marisa es la historia de otras muchas mujeres que llegan al mundo del automovilismo de la mano -nunca mejor dicho- de sus parejas. Fernando Mouriño, presidente de la Escudería Rías Baixas, piloto vocacional con algunos pinitos en su momento tuvo parte de culpa. «Desde entonces he hecho de copiloto, comisario, organizadora… vamos, que he pasado por casi todos los puestos. Y cuando Fernando asumió la presidencia de la escudería casi fue una consecuencia el que yo me hiciese cargo de la dirección de carrera en este rallye. Bien es verdad que también lo hago porque es una función que me gusta; la de dirigir y coordinar una prueba».

Es un caso más, como el de otras muchas mujeres que están presentes en el mundo de los rallyes, pero quizás aquí sea el más significativo por aquello de estar en lo alto de un escalafón -virtual, eso sí- en el que la relación entre sexos está mucho más normalizada de lo que pueda aparentar un deporte que siempre se asocia más a hombres que a mujeres.

Marisa Arias: el Rallye Rías Baixas a sus órdenes

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