Entrevista a Faustino Suárez: «Nunca he sido un copiloto aplicado»

Nació el 11 de octubre de 1968 en Olveira, una parroquia del municipio de Dumbría. De profesión, soldador. Si tuviera que elegir una comida se quedaría «con un buen pescado fresco de la ría acompañado de una cerveza«. Salir en bicicleta es uno de sus pasatiempos preferidos… Ya lo veis, un perfil de lo más corriente para una de las caras más conocidas del automovilismo gallego, indisolublemente unida a la figura del piloto al que siempre ha acompañado porque Faustino Suárez no concibe ir a un rallye sino es con Manuel Senra a su lado. «Siempre he tenido una gran relación con él. Somos vecinos y yo vivo a 100 metros de su taller; casi más cerca que él. A mí me gustaba mucho la mecánica, mis amigos trabajaban de mecánicos con él, alguno de ellos aún sigue actualmente, y Manolo me fue liando un poco. Después ya pasé a ir con ellos a los rallyes y me encargaba de la logística. Llevaba todo el tema de papeles, hoteles, asistencias entre tramos… Y ya digo, fue Manolo el que me fue liando y fue el promotor de mis inicios en las carreras. Jesús M. Campos buscaba  un copiloto y Manolo le dijo que yo le valía, seguro», y así empezó en un ya lejano 1991

Dio ese primer paso en el mundo del copilotaje, como muchos otros, a escondidas, sin decir nada en casa. Pero la relación que su padre tenía con el del propio Manolo propició que antes de salir del parque cerrado de un Rallye de Noia viera a los dos con una sonrisa de oreja a oreja, «algo que no esperaba, pero claro, al final todo se sabe». Una prueba, la noiesa, con la que siempre ha tenido una estrecha relación; y ya no solo por eso. Dos años antes de debutar, el tramo de Serra de Outes fue el primero en el que estuvo a pie de cuneta. Además, el momento más triste de su carrera deportiva lo vivió en el tramo de Lesende. «Se nos fastidió un cable en el último tramo», recuerda Faustino, «el coche se quedó sin corriente a cuatro kilómetros de meta. La gente en la última curva, en la curva de Rial, que es como se conoce, junto a la meta, llorando desconsolada… Iba a ser nuestro primer campeonato, estábamos ganando el rallye y todo se fue al traste»

Una por otra, en esas mismas carreteras, en la edición de 2010, conseguían la que hasta el momento es la última victoria absoluta de este tándem tan bien avenido y reconocido en los tramos gallegos… 

Pregunta: ¿Cuándo te dijo Manolo que dejabas de encargarte de la logística para ser su copiloto? 

Respuesta: (Risas) No hubo un momento en concreto. Yo corrí con Jesús M. Campos hasta el año 1994 incluido, pero en 1993 hice un rallye con Manolo porque Pepe Maceiras y Carlos Souto, que era de Lugo y era el copiloto de Ricardo Vidal, sabían que tenía ganas de correr un rallye con él y lo idearon todo. Fue en aquel Peugeot 309 atómico que tenía (matrícula M – JT). Aquel año debió de ser el último que se hizo el Campeonato Gallego de Rallyes de Tierra hasta que lo volvieron a organizar no hace muchas temporadas. Fuimos a correr a Ourense. Estaba como un flan, de eso sí que me acuerdo. Manolo me ponía nervioso (risas) y eso que ya llevaba dos años corriendo. 

Recuerdo que no duramos nada porque se rompió un palier en el segundo tramo. Antes se cogían las notas en la primera pasada y se corría en la segunda. Ya en la primera pasada del segundo tramo, cogiendo las notas, se rompió. Fue muy breve.

A finales de 1995, si mal no recuerdo, por circunstancias personales Pepe Maceiras, copiloto habitual de Manolo, se hizo a un lado. Manolo necesitaba un recambio, yo entendía su sistema de notas y como él no cogía las notas, que las cogía Maceiras, yo también pasé a cogerlas. Yo soy de la escuela de Pepe, para bien o para mal todo lo que sé se lo debo a Pepe. Así que mientras yo cogía las notas, Manolo iba por el tramo vendiendo coches. 

Empezamos así. Fui de coche 0 en 1995 en algún rallye y en 1996 ya estrenamos el Peugeot 306, el primero que tuvo, en Luarca. Nos excluyeron porque el coche no tenía ficha de homologación o porque no estaba homologado en los campeonatos asturianos, no recuerdo.

Después ya fuimos a Lalín, al primer rallye que se hizo… y este año ya iban a celebrar el 25 aniversario, así que mira que viejos somos…

P: ¿Qué fue lo primero que se te pasó por la cabeza el primer día que subiste en el Peugeot 306? 

R: Nada en especial. El primer 306 no era este coche que conocéis ahora. Tenía 200 CV y era igual al 306 estrecho pero con carrocería ancha. Era una versión cliente, como se le llamaba. Ese fue el primero. Solo era igual al de ahora estéticamente. 

Después ya llegó uno bueno (matrícula C – BH) con el que corrimos varios años pero no tuvimos la fortuna de ganar ningún título. 

Más tarde pasamos a coger la unidad con la que corría Luis Monzón y el otro pasó a manos de Toño Villar, «Bamarti»… y ahora lo tiene Garrido en Valencia. Aún sigue andando. 

Del coche, ya digo, nada en especial. Bueno, a ver, especial sí que era, no lo voy a negar, pero para mí era más especial Manolo que el coche. Manolo a la izquierda impresionaba de carallo (risas). 

P: En vuestros primeros años juntos, y también los primeros del 306 Kit Car por Galicia, os encontrasteis con Germán Castrillón que venía de conseguir algún título… y que aún obtendría alguno más. ¿Qué os faltó? ¿Suerte?

R: Los últimos años que peleamos contra él, sí, nos faltó suerte. Al principio tampoco nos obsesionamos con eso. Íbamos a correr, a disfrutar y nada más. Si ganaba él, pues ganaba… A todo el mundo le gusta ganar, eso es evidente y el que diga que no, miente. Pero para nosotros no era una obsesión. 

Después también había algo más. -Faustino se toma unos segundos, reflexiona- A Castrillón hay que reconocerle una gran inteligencia corriendo. Era un tipo frío, calculador, y Manolo y yo éramos un poco más corazón. Freno de mano en los cruces, espectáculo… Por eso Manolo, y eso ya le queda ahí para siempre, es un piloto muy querido por la afición. No es todo ganar. Puedes ganar más de otra forma que consiguiendo trofeos. 

P: Fueron unas temporadas en las que las cunetas estaban totalmente divididas. Por un lado, los ultras de Senra; por otro, los de Castrillón. Ahora que ya han pasado muchos años, la tensión que había en la afición, ¿también la había entre vosotros? 

R: No, no precisamente. La verdad es que no teníamos una relación estrecha con él, al contrario que con el resto de pilotos. Con Toño Villar teníamos una relación formidable y con más pilotos. Antes ir a correr era muy familiar porque las noches anteriores estábamos todos juntos de marcha y había muy buen rollo. Y la relación con Germán era cordial. 

P: Era efectividad pura y dura contra espectacularidad. Con la perspectiva que da el paso del tiempo, ¿crees que hicisteis lo que tocaba?… o hubiera sido mejor que vuestro estilo fuera otro… 

R: No. No me arrepiento para nada y estoy seguro que Manolo tampoco. Al contrario. Quien le mandó soltar la mano del freno de mano muchas veces fui yo. Yo era el que a menudo le echaba la bronca. «¡Manolo, éntrame fino!, ¡no me tires del freno de mano!» porque claro, nos íbamos peleando el rallye a dos o a tres segundos… 

Llegó un momento, con el primer 306 bueno que tuvimos (el matrícula C – BH) que veíamos que era viable ganarle y no podíamos estar jugándonos un rallye contra Castrillón y permitirnos el lujo de tirar del freno de mano en un cruce porque íbamos a perder seguro. Eso es matemático. 

Con el tiempo tuvimos que sacrificar un poco el espectáculo por querer ganar. Teníamos un buen coche, llevábamos muchos años corriendo y merecíamos ganar. Fuimos cambiando un poco el chip. 

P: A partir del año 2000, conseguisteis ser cinco veces Campeones Gallegos. ¿Entonces, fue el cambio de conducción la clave del éxito?

R: Sí, eso lo cambiamos. El crono era importante. Estuvimos muchos años dominando rallyes de principio a fin contra Germán, Toño… o contra Ramón Santiso y Julio Doce. Fueron muchos años corriendo y hubo muchos pilotos que se batieron con nosotros y teníamos que tener un dominio del crono. Éramos capaces de ser rápidos, pero eso había que mantenerlo. No podías dormirte ni derrapar demasiado. Había que buscar un equilibrio. Llegaba un momento que si llevábamos ventaja, pues levantábamos un poco el pie, dábamos espectáculo o lo que fuera, pero todo dentro de un cierto control. 

P: Cuando alguien está en el regional de turno siempre mira de reojo al Campeonato de España… ¿Te ha quedado esa espinita

R: A mí personalmente no y a Manolo tampoco. Él corrió el Campeonato de España de Montaña varios años, pero bueno, alguna prueba también le tiene coincidido con el regional… 

Quizá si hubiéramos podido permitirnos el lujo hubiera estado bien, pero yo siempre he trabajado y ya muchas veces hacía muchos sacrificios para poder entrenar y correr. Eran diez u once rallyes al año y Manolo siempre ha tenido que atender el negocio. No tenía sentido ir al Campeonato de España.

Que conste que el Rallye San Froilán o el Rallye de Coruña, cuando eran del Campeonato de España, eran días especiales. Te medías con gente buena y sabías un poco dónde estabas. Veías el nivelazo que había, pero nunca nos llamó la atención. Además, eran rallyes más largos… y eso suponía mucho más trabajo.

P: En aquellos tiempos todavía estaba Peugeot Sport España en el Nacional de Asfalto y venían al Rallye de A Coruña, donde en una ocasión hicisteis «labor de equipo». ¿Qué recuerdas de estar dentro o al lado de aquel equipo? 

R: Es un gran recuerdo para mí. Eso me ha quedado en la memoria. Recuerdo a Borja  Moratal y a toda la gente dándonos consejos… A mí me dieron instrucciones para calibrar el Terratrip. El coche se había acabado de montar esos días y tuve que ponerlo a andar, calibrar el tripmaster por el camino… Me acuerdo que el primer tramo era Aranga y ya lo fui calibrando por la autopista, según los consejos que me habían dado.

Borja nos asesoró durante todo el rallye y también nos llamó la atención; que levantásemos el pie porque habíamos tenido una subida de vueltas. «¿Dónde fue eso?», les preguntamos. Resultó ser en el rasante del cruce de Meirama, efectivamente. El coche había saltado; Manolo no le había levantado el pie… 

Pero sí, te sientes arropado, Con un equipo de profesionales como era aquel te sientes de otra manera; no importante, pero es una situación distinta, muy agradable.

P: Después de tantos años, corréis ya por pasarlo bien, sin presión, sin tener que demostrar nada a nadie. Antaño, ¿qué era para ti lo peor de un rallye? Los reconocimientos, los parones de mediodía… 

R: Antaño nada. Todo me gustaba cuando empezamos. 

Los reconocimientos eran algo duros, pero aún lo pasábamos algo bien. Éramos todos más jóvenes… Siempre nos quedábamos por la tarde o por la noche todos los pilotos, si el rallye era lejos ya íbamos todo el fin de semana… 

Pero sí, quizás la peor parte era reconocer los tramos. Es algo peligroso, pesado y creo que lo es para todo el mundo. Para unos más y para otros menos. Para Manolo es muy pesado y para mí también. Incluso, llegué a marearme. Nunca me mareé y me pasó entrenando. Entrenar es lo que peor llevamos los dos…

P: Manolo siempre ha sido un piloto carismático y, como se suele decir, es un personaje. De ti se sabe menos, pero también se te tiene por una persona parecida. Suponemos que habrá miles de anécdotas. ¿Cuál recordarías? 

R: Así personal de Manolo… Pues lo he visto muchas veces tirarse debajo de un coche que tenía un problema aunque no fuese de alguien cercano a él y por eso es una persona muy querida tanto en rallyes como en montaña. Le echa una mano a esa persona, llama a la asistencia, «oye, traer esto o a ver si tenemos esta cosa…», a cualquier piloto ¿eh?. Es algo que ha tenido y que tendrá siempre. La gente de las carreras sabe esas cosas, los de fuera igual no. 

Después como anécdota, recuerdo un tramo de Ponteamoas en el Rallye do Cocido. Teníamos la carrera perdida contra Bamarti, con otro Peugeot 306, porque no sé qué nos había pasado… y en pleno tramo le dije a Manolo, «Manolo que creo que se nos acaba la carretera en todas las curvas», y así era. Íbamos sobrepasando los límites; no nos llegaba el ancho de la carretera. Y lo cierto es que corrimos mucho. Le metimos 25 segundos a Bamarti a pesar de que él no había levantado el pie. De hecho, no se creía nuestro tiempo. En en enlace nos preguntó: «¿Cómo es posible? ¿Qué ruedas tenéis?». Ese momento de correr sin presión y en el que todo salió bien, me ha quedado grabado.

También guardo gratos recuerdos de ir a correr a Trasmiera… Allí no hay cronómetro y el primer año que fui quedé impresionado; se me puso la piel de gallina. Flipé. Bajar Peña Cabarga y la gente de rodillas, saludándonos con las dos manos… Después entrar en el parque cerrado en Hoznayo con semejante recibimiento; eso fue impresionante. De los mejores momentos que he vivido y eso que allí no ganaba nadie. Pero ese cariño queda ahí.  

P: Actualmente estamos acostumbrados a ver a los copilotos correr con muchos pilotos. Tú siempre has corrido con Manolo. ¿Nunca se te ha pasado por la cabeza subir con otra persona? 

R: Corrí un Rallye San Froilán del Campeonato de España con Arturo Rial. También corrí con Ricardo Vidal un Rallye 1.000 Vistas con el número trece… 

Yo me quise retirar en 2005 pero como Manolo quería seguir y yo no lo quería dejar tirado, le dije: «corremos el campeonato de 2006». Después mi idea era retirarme definitivamente ya, pero seguí y desde entonces siempre he dicho que si corro es con él. Lo quería dejar y como no lo he dejado, si corro es con él porque tenemos mucha confianza y nos los pasamos muy bien.

No quiero darme a conocer como copiloto para que me llamen otros pilotos. Yo si corro es con Manolo. Podría parecer que me «vendo» como copiloto, no es esa la palabra, pero para mí rallyes y correr tiene que estar incluido Manolo también. Lo siento mucho por quien me lo pida, no lo hago con mala idea, pero no quiero.

P: Te querías retirar hace ya casi quince años. ¿Te ves corriendo mientras Manolo siga o igual paras antes?

R: Es algo que pienso muchas veces. ¿Cuándo dejaré esto, oh?, ¿cuándo lo dejaré? Pero no lo dejo nunca, no lo doy dejado. Es algo que te engancha, que te agrada… Pero bueno, lo que me agrada a mí es correr con Manolo. Tengo una gran relación con él, independientemente de los rallyes, y me encanta correr con él. 

P: Hay algo pendiente. Es decir, ¿tienes algún sueño? Como ir a un Rally Legend de San Marino, por decir algo… 

R: No. Yo en los rallyes no tengo nada pendiente. Creo que ya he hecho todo lo que tenía que hacer. Nunca he sido un copiloto aplicado. Hoy en día alucino con los copilotos y aprendo de todos. Yo, comparado con ellos, lo que tengo es experiencia. Son todos muy buenos, muy formados, la tecnología va pareja con ellos, ellos van con ella y a mí la tecnología se me queda algo grande y no la manejo bien. Pero ellos ahora son muy profesionales; muchísimo. A mí no me queda nada pendiente como copiloto. No me queda ningún sueño. 

Muchas veces llego a casa y aunque me considero humilde, pienso que no me extraña que la gente me quiera, me dicen, «eres el copiloto de Senra, joder»… Miras paras atrás, nuestro currículum… Eso a la gente le queda y es normal que le quede. Es otro enfoque. Yo no lo veo así pero cualquier copiloto firmaría lo que tengo yo, supongo. Modestamente lo digo, pero supongo que sí. 

Entrevista a Faustino Suárez: «Nunca he sido un copiloto aplicado»

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