Diego Vallejo, nuestro copiloto (por un día)

| 23/03/2016
Diego Vallejo, copiloto Dakar.

Diego Vallejo ha tomado parte en un nuevo Dakar al lado de Rubén Gracia. Y la cosa ha ido muy bien en el regreso de la filial española de Mitsubishi a la carrera: llevaba 17 años sin acudir y ha vuelto con la 43ª posición final y la segunda en su categoría, T3, reservada a los todo terreno modificados. El equipo ha decidido sacar el Montero del barco tal cual ha llegado de Argentina y dejárnoslo. El copiloto gallego va a nuestro lado. Y esto es lo que ha pasado…

Para empezar, Vallejo nos confirma lo que ya nos había avisado Gracia: conducir este vehículo es sencillo, todos los pedales y mandos se accionan con facilidad y no hay que «pelear» contra ellos como en otros coches de carreras. Oímos las piedras rebotando contra los bajos de tal forma que nos duele, pero Diego nos tranquiliza: «Esto es una autopista comparado con los sitios por los que hemos pasado». Vale.

Diego Vallejo, Mitsubishi Montero Dakar.

Diego Vallejo, Mitsubishi Montero Dakar.

En la primera vuelta al circuito de tierra en el que se realiza el test vamos tranquilos, aunque pisamos una roca que queríamos sortear. La dirección sí ofrece un poco de resistencia y no hemos podido evitar el subviraje. Vallejo, discreto como siempre, no dice nada, pero sí nos advierte: «Los frenos están ‘degollados’; al llegar a la curva, mete un par de marchas menos». Efectivamente, dar patadas al pedal central apenas provoca cambios en nuestro ritmo. Por suerte, la palanca de cambios tiene movimientos precisos y la maniobra es rápida.

Nuestro copiloto de lujo nos sugiere que no engranemos más velocidades y que estiremos la relación para comprobar el potencial del motor. Empuja desde abajo y mantiene la fuerza durante buena parte del recorrido del cuentavueltas, pero también respira con solvencia en las marchas largas. Nos gusta ese compromiso, pero es aún mejor el conseguido en las suspensiones: su puesta a punto es digna de elogio; se tragan las irregularidades del terreno como si no estuvieran allí.

En el maletero del Mitsubishi Montero T3, unas cajas guardan los repuestos. Todo está perfectamente reseñado y colocado.

En el maletero del Mitsubishi Montero T3, unas cajas guardan los repuestos. Todo está perfectamente reseñado y colocado.

Cuando más estamos disfrutando, nos toca bajar del Montero T3. Apenas nos hemos fijado en un habitáculo lleno de paneles fibra y botones al perfecto alcance de la mano. Es aún más llamativo el maletero, con dos ruedas de repuesto intactas (¡Gracia asegura que no ha pinchado ni una sola vez en los 10.000 km del Dakar!) y un par de cajas metálicas con recambios y herramientas. Su contenido está escrito en la tapa, en estricto orden de colocación. Estos detalles son los que te hacen ahorrar un valioso tiempo en la carrera más mágica (y cruel) del mundo. Un copiloto como Vallejo lo sabe bien.

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