La sangría parece imparable: Peugeot, Skoda, Citroën, Mitsubishi…. el número de marcas participantes en el Mundial de Rallyes se reduce a pasos agigantados y a nadie parece importarle. La FIA instaura una categoría de Constructores 2 en la que participan equipo privados herederos de las estructuras oficiales.

Creo que no es la forma de arreglar la situación, ya que no deja de ser un apaño temporal. Si se quiere mantener a las marcas hay que ofrecerles un paquete atractivo, un sistema competitivo que les permita rentabilizar las inversiones manteniendo los costes en un entorno razonable. Pero lo que se les ofrecen son normas que cambian caprichosamente, a veces a lo largo de la misma temporada, o un calendario que se estira como un chicle aumentando las pruebas a lo largo del mundo.

La crisis es inevitable, por mucho que se pretenda negarla. Pero es una crisis que se extiende como un cáncer a lo largo de nuestro deporte. No sólo afecta a las marcas, entre los pilotos parece existir una cierta apatía o falta de ideas, el relevo generacional de grandes nombres como Sainz, Makinen, Kankkunen o McRae parece no llegar. Sólo brilla Loeb, pero sin una competencia real delante sus méritos se ven minimizados.

Tenemos el caso muy reciente en el Rallye de Australia, Colin McRae en paro forzoso fue repescado por Skoda para conducir el Fabia WRC y con un coche denostado por todos puso contra las cuerdas a sus rivales. Si no fuera por una avería mecánica bien pudo haber finalizado en la segunda plaza. Todo un ejemplo de que en un deporte cada día más tecnificado, el piloto aún tiene mucho que decir.

Esperemos que el 2006 sea el principio del final de la crisis.

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Crisis….

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