Latvala me da buen rollo

| 10/05/2014
Jari-Matti Latvala, Rallye Argentina 2014

Por suerte, los rallyes y el fútbol no se parecen; no tienes por qué ser “de Fulanito” mientras odias a muerte a sus rivales. Hasta el “recién llegado” respeta a todos los participantes e incluso se reconocen sus virtudes sin ningún tipo de empacho. Pero siempre hay un favorito y el mío es Jari-Matti Latvala. “Te gustan los que chocan”, me dijo el año pasado un compañero de profesión. Me gustan los rápidos, los que corren riesgos… y eso implica coquetear con el error. Vale, en ocasiones sus fallos han sido completamente evitables. Con su posición asegurada en la tabla, quiso jugársela sin tener nada que lograr y sí mucho que perder. Ganó el corazón y perdió la cabeza.

Recuerdo las imágenes de una cámara interior de su coche en un Rallye de Finlandia. Iba subiendo una marcha tras otra en una recta interminable y, casi al mismo tiempo que su copiloto anunciaba la siguiente curva, a derechas, se oyó un crujido. Latvala comentó: “creo que se ha roto la dirección” y… ¡metió una marcha más! A un ritmo endiablado, quiso girar y su predicción se cumplió. El volante no obedeció. Otro piloto, con más sentido común, habría preferido mantener la velocidad o incluso bajarla para minimizar los daños, pensando en el bien común del equipo, pero él lanzó los dados.

No siempre sale bien -de hecho, insisto, muchas veces le ha salido mal-. Sin embargo, prefiero eso a la frialdad de “los Sebastien” (Loeb y Ogier). Efectividad pura, mirada de nitrógeno líquido y precisión milimétrica en sus movimientos para hacerse con el único resultado posible: la victoria. Calidad, calidad y más calidad. A raudales. Pero no calidez.

Y hete aquí que, de repente, a Volkswagen se le ocurre que lo que el finlandés necesita es un mentalista, un “coach” (por utilizar el término “cool”) que ponga en orden sus ideas… ¿disparatadas? Resulta que funciona. Ya se lo habían propuesto antes, pero ahora acepta y se obra el milagro: mucho más centrado, sale a darlo todo y, sin perder frescura o rabia, los tiempos aparecen. Cuando no se encuentra bien, el mismísimo Malcolm Wilson, su “jefe” durante años, va al encuentro del que ahora está en el equipo rival y le dice que se relaje y se divierta, que las cosas llegarán a buen puerto. Acaba de pasar en el Rallye de Argentina. De momento, funciona, aunque Ogier está al acecho y tiene el hambre propia de su condición depredadora. Cuidado, Latvala, que no te pille el frío…

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